El cambio y transformación en el proyecto de sustentabilidad

 

El proyecto “Mi escuela también cuida el planeta”, desarrollado en la Escuela Primaria Federal “Profra. Ma. Guadalupe Guevara Vázquez”, con C.C.T 11DPR3719O, Zona 176  Sector 02, ubicada en C. Patrona de la música S/N, Col. Santa Cecilia, en León, surgió como una respuesta a situaciones muy concretas que se vivían dentro del plantel: acumulación de basura en los salones, uso excesivo de plásticos desechables y poco hábito de separación de residuos. Más que una propuesta teórica, nació de la inquietud de docentes y alumnos al reconocer que el cuidado del medio ambiente no podía quedarse solo en los libros, sino convertirse en una práctica cotidiana.

La escuela, como institución formadora, asumió que educar implica también formar conciencia ambiental. En este sentido, el proyecto tuvo como propósito promover prácticas de sustentabilidad mediante acciones sencillas pero constantes: separación de residuos, reutilización de materiales, disminución de desechables y participación activa de la comunidad escolar. La intención no fue únicamente “hacer campañas”, sino generar cambios reales en las actitudes y hábitos de los estudiantes.

Desde el marco teórico, el proyecto se apoyó en la idea de desarrollo sustentable planteada en el Informe Brundtland, donde se define como aquel que “satisface las necesidades del presente sin comprometer la capacidad de las futuras generaciones para satisfacer sus propias necesidades” (Comisión Mundial sobre el Medio Ambiente y el Desarrollo, 1987, p. 41). Esta definición permitió reflexionar con los alumnos sobre el impacto de pequeñas acciones cotidianas. Asimismo, se retomó la visión educativa propuesta por UNESCO, que señala que la educación para el desarrollo sostenible “empodera a los educandos para tomar decisiones responsables y actuar en favor de la integridad ambiental” (UNESCO, 2017, p. 7). Estas ideas dieron sustento al enfoque formativo del proyecto.

El costo económico del proyecto fue relativamente bajo, ya que se aprovecharon recursos existentes y materiales reciclados. Los gastos principales estuvieron relacionados con la adquisición de contenedores para separación de residuos y algunos materiales para señalética. Sin embargo, el beneficio fue amplio: alumnos, docentes, personal administrativo y familias participaron y aprendieron prácticas que pueden replicarse fuera de la escuela. Más que un gasto, se convirtió en una inversión educativa.

Las situaciones que detonaron el proyecto fueron visibles en la vida diaria del plantel: basura mezclada en un solo bote, desperdicio de papel y poco conocimiento sobre reciclaje. Durante las primeras observaciones registradas en el diario de campo, se anotó que en varios grupos los residuos orgánicos e inorgánicos se mezclaban sin distinción, y que muchos alumnos desconocían el significado de las tres erres. Esto evidenció la necesidad de intervenir desde un enfoque educativo.

Para conocer el impacto real del proyecto se aplicaron distintas herramientas de recopilación de datos. A través de encuestas diagnósticas, se identificó que más del 60% de los estudiantes no separaba la basura en casa. Posteriormente, en encuestas finales, ese porcentaje disminuyó notablemente, pues varios alumnos afirmaron haber comenzado a hacerlo también en su hogar. En entrevistas realizadas a docentes, se destacó que la participación estudiantil fue creciendo conforme avanzaban las actividades. Una maestra comentó que “los niños ahora llaman la atención cuando alguien tira la basura en el bote equivocado”, lo cual refleja un cambio de actitud.

Las observaciones sistemáticas y listas de cotejo mostraron avances en la correcta clasificación de residuos dentro del aula. Al inicio, solo algunos grupos cumplían con la separación adecuada; al finalizar el proyecto, la mayoría lo hacía de forma constante. Los grupos de enfoque permitieron escuchar los sentimientos de los alumnos: muchos expresaron orgullo al ver su escuela más limpia y al participar en la elaboración de objetos con material reciclado. Algunos comentaron que se sentían “importantes” por contribuir al cuidado del planeta, lo cual evidencia que el proyecto no solo impactó en lo ambiental, sino también en la autoestima y el sentido de responsabilidad.

En cuanto a la información recopilada, se distinguieron datos óptimos las metas planteadas, como lograr la separación total de residuos y datos reales las dificultades para mantener la constancia o la falta de apoyo en algunos hogares. También se identificaron causas, como la ausencia de hábitos previos, y soluciones, como reforzar campañas informativas y vincular más a las familias. La trascendencia del proyecto se observa en que ya no se percibe como una actividad temporal, sino como parte de la dinámica escolar.

Las fuentes de información utilizadas incluyeron entrevistas a docentes y directivos, encuestas aplicadas a alumnos, observaciones directas, así como revisión de documentos institucionales y materiales digitales de organismos como Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales y UNESCO. Estas fuentes permitieron contextualizar el proyecto dentro de una perspectiva más amplia de educación ambiental.

Al contrastar los resultados con los objetivos iniciales, puede decirse que se lograron avances significativos en la sensibilización y en la implementación de la separación de residuos. No obstante, también se reconocen áreas de mejora, especialmente en la reducción total de materiales desechables y en la participación constante de todas las familias. El cambio no fue inmediato ni perfecto, pero sí evidente.

En lo personal, la experiencia deja la sensación de que la educación ambiental no puede imponerse; debe construirse con la participación activa de quienes forman parte de la comunidad escolar. El proyecto “Mi escuela también cuida el planeta” demuestra que pequeñas acciones sostenidas pueden generar transformaciones reales. Más allá de los datos cuantitativos, el cambio más valioso fue observar cómo los alumnos comenzaron a asumir el cuidado del entorno como algo propio y no como una obligación externa. Esa transformación, aunque sencilla, tiene un alcance que va más allá de los muros de la escuela.

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